Aunque no lo pareciera, posiblemente debido al hecho de que somos insignificantes en escala en comparación con el tamaño de la fuente de nuestros recursos, el planeta no es una fuente ilimitada de recursos y, como toda fuente a la que solo se le extraen recursos de manera constante, en algún momento ya no le quedará nada que extraer; así mismo, nos quedaremos sin los recursos que son, sin lugar a duda, esenciales para la vida humana.

Se ha normalizado en casi todas las culturas una dinámica de consumo no sostenible, en la cual simplemente nos preocupamos por obtener y absorber todo lo que nos rodea sin considerar, por un segundo, el hecho de reintegrar aquello que hemos consumido a su fuente de origen. Ni siquiera el hecho de que el planeta mismo tiene una capacidad de autorregeneración natural ha sido capaz de frenar el consumismo constante sin cadenas que hemos adoptado como patrón de comportamiento.

Reducir hace referencia a la primera de las R en la regla de las 3 R. Muy frecuentemente la definimos de una manera como si de volver a la edad de piedra nos estuviéramos refiriendo. Ni siquiera se refiere al hecho de solo consumir lo necesario, lo cual sería una medida justa, pero no es a eso a lo que nos referimos cuando mencionamos la palabra reducir. En sociedades como las que hemos creado los seres humanos, donde prima la desigualdad estructural sin importar su naturaleza, el consumo sin límites se vuelve inevitable para una parte de las poblaciones, la cual usualmente viene a costa de la degradación de los recursos para la otra parte de la misma. Eso es un patrón recurrente en la historia de las civilizaciones humanas y, gracias al desarrollo mismo de las comodidades que hemos creado sin ninguna preocupación por restaurar aquello que utilizamos sin medida, hemos llegado al punto en el que estamos consumiendo a un ritmo mucho mayor al de regeneración natural de los recursos, por lo que la razón misma dicta que el camino, aunque no suceda mañana ni el próximo año, es evidente que se dirige a un único resultado: “la escasez generalizada de los recursos”. Y lo más triste del caso es que ha sido por decisiones humanas, solo era necesario un consumo más consciente, un consumo más responsable, un consumo más equilibrado.

Reutilizar es la clave hacia el futuro sostenible. Productos multifuncionales que no se limitan a funciones únicas por periodos de tiempo que no sobrepasan un instante. Pero también es una realidad que el cambio tendrá que salir de los individuos, aquellos a los que, antes de desechar algo, se preguntan a sí mismos: ¿pudiera utilizar esto en alguna otra ocasión para cualquier otra actividad? Ahí radica la clave hacia el futuro. El consumo desenfrenado al que los últimos siglos nos han acostumbrado dicta detenerse y reflexionar en cómo pudiéramos reutilizar los volúmenes significativos de residuos que ocupan todo nuestro entorno.

Reciclar, que ya parece más un concepto mercantilizado que una iniciativa ambiental, ha sido una palabra que la hemos tornado más un negocio que una actividad de responsabilidad ambiental con nuestro ecosistema. Convertir aquello que desechamos y que no podemos reutilizar en un nuevo producto no es una actividad voluntaria ni social, es una obligación ética de cada ser humano. ¿O quién tendría que encargarse de eso? ¿Quién es más responsable por lo que consumimos que nosotros mismos? No asegurarnos de que esos desechos no vayan a contaminar el hábitat en el que vivimos es una negligencia ambiental con la que cargamos cada uno de nosotros. Es más que evidente que todas las otras especies viven en equilibrio funcional con el ecosistema en el que viven; es justamente aquello lo que asegura su propia supervivencia, algo que nosotros como seres humanos no solemos tomar en cuenta cuando realizamos el listado de nuestras prioridades, y ese es justamente el problema.

Las 3 R no son una ley ni un reglamento que debemos seguir por obligación de una convivencia mejor; son un poco más que eso: son el marco más claro de acción hacia la supervivencia de nuestra especie y de todas las que nos rodean.

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