Es tan peculiar e irónico a la vez que, en un mundo de tantas perspectivas, aceptemos como verdad lo que escuchamos o leemos. He prestado un poco de mi tiempo para tratar de entender diferentes apreciaciones sobre los objetivos de desarrollo sostenible y tratar de escuchar sin juzgar lo más posible las versiones opuestas sobre los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible). La realidad es que, en la búsqueda de un mundo mejor, se nos olvida que nuestra definición de mejor viene condicionada a nuestra realidad. Así que es importante que tomen en cuenta que, aunque yo estime que mi experiencia y mis títulos me den la validez para hablar al respecto, al final es simplemente mi manera de verlo y no es más válido que la de ningún otro.
Hace unos meses tuve una conversación con algunos de mis compañeros sobre la Sostenibilidad, y uno de ellos argumentaba con un ejemplo: “Mira las energías renovables; si rastreas su construcción, para construirlas hubo que usar combustible fósil, o sea que en su producción también se está contaminando. Entonces, de nada vale tratar de cambiar de una a otra”. Entonces pensé: ¿Acaso será que los humanos pensamos que llegamos aquí solo por las cosas que hacemos ahora? ¿Acaso el ser humano piensa que los carros que ven hoy no son la evolución de carretas y medios de transporte que se convirtieron en lo que son hoy? Pero sería imposible su construcción sin los avances anteriores. ¿Acaso eso no es esa la definición intrínseca de la evolución? Somos el resultado de un sinnúmero de cambios realizados en el pasado, un proceso. Entonces, ¿por qué esperaríamos tener energía totalmente limpia para empezar a evolucionar hacia ella cuando, 100 años atrás, ni siquiera usábamos la energía de una manera prioritaria en la vida común? Fue un proceso, al igual que todo lo que somos y hacemos.
La realidad es que el camino a 100 empieza con el 0.1, y los objetivos de desarrollo sostenible no son más que eso. Nos enfocamos en lo que le falta y así podemos comentar sobre lo que es y no es, o en a quienes les conviene más, para luego hablar de buscar culpables. Pero poco se habla de lo que se trata de lograr, poco se habla de lo que sí pudiera funcionar, muy poco se habla de lo que sí cada uno pudiera aportar. A veces nos enfocamos mucho en una perspectiva legal, tratamos de “hacer pagar a los culpables” o de “buscar justicia para los inocentes”, pero los objetivos, a mi parecer, no se tratan de eso. Son solo un pequeño paso a una mejor interacción con todo lo que nos rodea, incluyéndonos a nosotros mismos. No idealizo al ser humano; no somos tan inteligentes para entender que nuestras diferencias solo son conductas aprendidas. En un mundo tan dividido, nos dividen las fronteras que nosotros creamos, nos dividen las religiones que un día nos enseñaron, nos dividen los colores de nuestras pieles como si no fueran un reflejo de la luz en nuestros ojos. Supongo que, en un mundo como ese, hablar de deseos comunes y actividades grupales que, al final del día, son constituidos por esfuerzos individuales, pero, aun así, sería un crimen hablar de un sentimiento global.
17 objetivos que traen consigo 169 metas. Ahora mismo pudiera descargarles información de cuándo, quiénes y cómo las hicieron, pero eso no tiene ninguna importancia; solo serviría para crear un juicio a favor o en contra, y ese no es el objetivo. El objetivo es poder quitar todos esos juicios y entender un poco qué son en principio.
En principio es solo un objetivo, no 17, no 169, uno solo: construyamos un mundo en el que todos interactuemos con nuestro alrededor de una manera que creemos será más perdurable en el tiempo. Sostenibilidad en la forma más pura en la que puedo definirla, y utilizo la palabra “creemos” porque es importante destacar que ¡no sabemos! si así será, y eso es así. El camino que tomaremos será cambiante mientras más de él vayamos recorriendo. Es una guía que irá evolucionando y creciendo mientras más acciones vayamos elaborando. Entonces, de ese objetivo se derivan los 17 objetivos de desarrollo sostenible, que, aunque sea difícil de ver, todos están conectados unos a los otros. ¿Cómo esperamos ponerle fin a la pobreza en un mundo donde millones de personas pasan hambre? Aun mejor, ¿cómo pretendemos educar a esos niños sin que tengan un alimento en el estómago? ¿Cómo pudiera ser ese un mundo saludable y de bienestar si el aire y los mares están contaminados por una producción y consumo irresponsable, a la cual aporta una desigualdad social y un consumo de los recursos imparable? ¿Cómo lograríamos cumplir esos objetivos con instituciones corruptas y sin alianzas entre tantos grupos que nos diferencian? El camino que describen los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) estamos buscando detalles que afecten de una manera justa o injusta a grupos en específicos para justificar el porqué es algo bueno o malo, pero no se trata de nada de eso. Sí es cierto, tal vez los objetivos no sean el camino para lograr ese objetivo general, pero ciertamente son un comienzo, porque traen consigo un sentido común que deja de ser común en un mundo donde todos somos diferentes. De igual manera, es importante resaltar que incorrectamente solemos pensar “¿qué puede hacer una sola persona?” o “son los países potencias los que deben poner el ejemplo”. La realidad es que un árbol más produce más oxígeno que el que dejamos de sembrar porque no hace el impacto que esperamos. No se trata de convertirnos en héroes y encontrar la solución a todos los problemas que tiene el mundo en un día; se trata de dar un paso más con cada esfuerzo que realizamos. La realidad es que vivimos en un mundo vasto y de gran longitud; poco tiene que ver la espera de un héroe o varios para evolucionar el mundo en el que vivimos con el hecho de mejorar nuestra interacción con el mundo cada día. Ese es un aporte que ninguna distinción o creencia justifica el dejar de realizar.
Si te sientas a escuchar la clase magistral del profesor Carlos Mataix sobre qué son los ODS, podrás encontrar un contraste tal vez con una percepción más filosófica y religiosa del profesor Higinio Marín. Pero incluso en aquel contraste, y sé que hay versiones mucho más contrarias entre sí que estas, encontraremos objetivos y percepciones comunes. Es ahí en el que podemos ir avanzando en lo que podemos convertir las opiniones contrarias no en un impedimento sino en un impulso para seguir evolucionando. Pero aún hoy esto es algo sumamente complicado para la inteligencia humana; es más sencillo ofenderse que tratar de entender.
No me gusta usar el término, en conclusión, porque esto no concluye de ninguna manera en este texto. Los objetivos de desarrollo sostenible son una propuesta de en qué deberíamos consumir nuestros esfuerzos. Creo que, antes de determinar y dar conclusión a que tal vez no sea la mejor manera de gastar nuestros esfuerzos, es importante preguntarnos si la manera en la que estamos consumiendo esos esfuerzos en estos momentos es la mejor para construir un mundo en el que, contrarios o iguales, interactuemos con nuestro alrededor y entre nosotros de una manera más sostenible.






