Solemos asumir, con argumentos válidos, cabe destacar, que la principal fuente de contaminación son las industrias, y la misma frase utilizamos como ente de respaldo cuando necesitamos una respuesta a la pregunta: ¿qué podemos hacer nosotros como individuos por el medio ambiente? Y solemos pasar por alto que son individuos los que trabajan en las empresas, aunque supongo que entendemos que no somos responsables de eso solo porque no somos los dueños de dichas empresas.
Si prestamos atención más de cerca, nos daremos cuenta de que las personas que van a las empresas a desempeñarse laboralmente son las mismas que luego tienen que ir a sus hogares, y muy rara vez solemos adoptamos practicas diferentes en nuestros hogares a las que acostumbramos en nuestras áreas de trabajo, lo cual podría sonar lógico, ya que solemos pasar más tiempo en nuestros entornos laborales. Gracias a esto, he podido notar que las mejores iniciativas ambientales vienen de personas que ya de por sí lo hacen en sus propios hogares, como clasificar los residuos, reducir el uso de papel, sembrar árboles, reciclar, reutilizar; en su mayoría, cada vez que una idea de estas surge para ser implementada en nuestras empresas, viene de personas que en sus hogares tienen prototipos micro de dichas iniciativas. Sí que es verdad que el mayor impacto ambiental viene de las industrias, pero es innegable que la solución vendrá de los hogares, de personas que tienen el compromiso con el medio ambiente mucho antes de que el cumplimiento laboral se lo exija.
En muchos escenarios, la empresa contamina más por el hecho de que siempre ha sido su modelo operativo y a nadie se le ha ocurrido implementar enfoques distintos, que por el hecho de no querer hacerlo diferente. En muchos casos es más el desconocimiento de información técnica de maneras más eficientes y amigables al medio ambiente que el hecho de no querer cambiar los métodos tradicionales. Por eso es necesario que nos transformemos en personas conscientes y comprometidas con hacernos responsables de nuestra contaminación, la cual, aunque para algunos puede sonar injusto, también incluye lo que permitimos que se genere en nuestros horarios laborales: “el planeta no distingue culpables”.
Son tantas las acciones de escala domestica de impactar desde el hogar: nuestros alimentos se convierten en compostaje que luego podemos utilizar para sembrar árboles frutales y forestales que luego nos darán alimentos saludables que no necesitaremos comprar; el exceso de agua puede ser reutilizada; incluso aquello que nosotros mismos no podemos procesar, podemos actuar en favor de que se gestione correctamente. Un ejemplo claro sería clasificar nuestra propia basura en nuestros hogares y luego llevar los plásticos, como las botellas, a una recicladora. El impacto de una actividad tan sencilla como esa trae beneficios innumerables, desde el punto de vista ambiental hasta el de la educación misma: aquellos que tienen hijos fomentan una cultura de responsabilidad ambiental en niños que más tarde irán a las empresas e incorporarán nuevas iniciativas para prevenir impactos ambientales de la misma manera.
En una época en la que podemos crear iniciativas con solo preguntarle a la inteligencia artificial, queda más que claro que lo único que nos hace falta es la curiosidad para crear nuevas y sencillas maneras de hacernos responsables de nuestros propios residuos.
La realidad es que la solución de la gran contaminación que producen las empresas es el pequeño aporte que pueden hacer cada uno de los individuos que laboran en ellas, desde lo más mínimo, como puede ser dejar de imprimir aquello que no es necesario, hasta ideas revolucionarias que pueden cambiar los mercados. La solución radica en hacernos responsables de nuestra contaminación, sea donde sea que se produzca.








