Supongo que no me pudo tocar un mejor día para hablar del problema que trae el mal manejo de los residuos. Días como hoy, en los que la lluvia no se detiene, muestran perfectamente las consecuencias de lo que hemos causado por no hacernos cargo de lo que nosotros mismos consumimos. Un día como hoy, donde los videos de inundaciones recorren nuestras calles y hogares, no dejan de circular por las redes sociales.
Lo lamentable es que, como todo instinto humano, solemos culpar a aquellos que no se pueden defender y, en este caso, toda la culpa irá destinada a la lluvia. Lamentablemente, a la realidad no le interesan los culpables o inocentes.
Es importante destacar que no todo es consecuencia de un mal manejo de los residuos, porque también es verdad que la corrupción es un gran colaborador del impacto que tienen fenómenos ambientales en nuestras ciudades. Es increíble ver cómo nos inundan lluvias que no afectaban a ciudades romanas o aztecas milenios antes de nuestros tiempos. Pero también es una realidad que nuestras ciudades tienen canales de desagüe, tienen vías de escape del agua. Entonces, ¿por qué se inundan las ciudades?
Quisiera dar una respuesta científica sobre el porqué sucede esto, pero es un poco más sencillo que eso. Es simplemente que los canales por donde el agua debería seguir su camino hacia el subsuelo o los ríos están obstruidos por nuestros consumos diarios, que, irónicamente, la misma agua hace flotar en las inundaciones para que las veamos recorrer toda la ciudad. Pero no hay más ciego que aquel que prefiere ignorar lo que está frente a sus ojos.
Todos nuestros plásticos, cartones, papel, vidrio, ¡FOAM! y un sin número de residuos ocupan el camino creado para captar aguas pluviales y evitar justamente las inundaciones que luego subimos a las redes culpando al clima. Es penoso ver cómo todos volteamos nuestros ojos hacia líderes que nosotros mismos pusimos.



La matemática es una ciencia exacta: consumimos sin descanso, luego simplemente tiramos lo que ya no nos sirve y después culpamos a los líderes que nosotros permitimos que nos lideren, sin hacer el trabajo para el que los elegimos; al contrario, los premiamos por ello.
Si me preguntaran de quién es la culpa de todo lo que sucede, creo que sería cínico de mi parte no encontrar al culpable simplemente mirando al espejo. No hay más culpables que cada uno de nosotros mismos, y eso tristemente no es una opinión, es una realidad.
Entonces, ¿cuál sería la solución?
La solución sigue siendo la misma: ¡educarnos! Para entender que somos los culpables. La ventaja de comprender esto es que, asimismo, descubres que tienes el poder de cambiarlo. Pero ¿cómo? Súper sencillo: un día a la vez, cambiando nuestra manera de interactuar con las cosas que consumimos; clasificando, buscando maneras de reutilizar, de reciclar, de reducir.
Tenemos a las manos un sinfín de herramientas, una enciclopedia sin fin que llamamos internet, que nos da acceso a un sin número de ideas: desde cómo convertir nuestras comidas en compostaje, que luego podemos usar para sembrar árboles esenciales para mitigar el impacto de los fenómenos ambientales que nos atormentan, hasta lugares de acopio de plásticos cercanos a nosotros donde podemos llevar nuestras botellas para darles una segunda vida.
¡Debemos utilizar esas herramientas para evitar que lo que nosotros mismos causamos llegue a un punto del que luego posiblemente no podamos retornar! Y creo que es más que evidente que eso es un favor que nos hacemos a nosotros mismos, no al planeta.






