Hoy es un día bueno para hablar de “Data Sostenible”. Si nos dejáramos llevar por la definición de la unión de dichas palabras, pudiéramos entender que nos referimos a un conjunto de información verificable que pudiéramos obtener de una manera continua en el tiempo, o tal vez a información real sobre los recursos en base a un tiempo determinado, y tal vez muchas otras variantes que pudieran ser entendidas cuando a “data sostenible” me refiero. Pero quisiera enfocarme en las dos previamente mencionadas.
Quisiera enfocarme en que el primer paso hacia una sociedad más responsable debe de ser la recolección de datos sostenibles, porque si es una realidad que la ignorancia es la raíz de los problemas generados en la zona, es una ignorancia común. La información no le llega ni a los que están pendientes a conseguirla, porque en muchos casos ni siquiera se encuentra disponible al acceso, y en otros muchos casos es un conjunto de información manipulada de manera política, en casi todas las ocasiones no verificable ni auténtica. Por ende, nuestras fuentes en su mayoría están comprometidas más a una responsabilidad social que ambiental, lo cual es un enfoque incorrecto para una toma de decisión en base a datos científicos.
Las verdades son maquilladas en una época donde el marketing es más importante que la protección a cualquier recurso, y ese es solo uno de los problemas. Incluso si la data fuera verificable y real, ¿cómo hacerla llegar a todos y cada uno de los involucrados, que puedan ver la data, entender y, en base a ella, poder argumentar en contra del daño a nuestros recursos, usualmente ignorado frente al impulso económico?



Por eso enfaticé en la importancia de que el primer paso sea la obtención de datos, y con lo mismo, la creación de procesos de obtención de data que sean sostenibles en el tiempo. No basta con solo decir que algo contamina, porque ese argumento puede ser refutable en una sociedad donde la prioridad es otra. Se debe tener el cuánto contaminas, cuánto consumes, cuáles son los parámetros en los que están afectando el agua o cualquiera de los recursos necesarios, porque la consecuencia es simplemente una “desaparición de dichos recursos”. Nadie piensa que mañana no tendrá acceso al agua hasta que el río se seca, a menos, claro, de que puedas demostrar de manera cuantificable que es inevitable que suceda si seguimos actuando de la misma manera.
La importancia de datos va más allá de una simple medición. Para tomar decisiones en base a nuestro futuro, tienes que saber en dónde estás parado hoy. Medir el tiempo en relojes que cambian en un bolsillo llevó al hombre del Renacimiento a valorar cada día. No se puede cambiar sin medir, porque simplemente no tienes el dato de lo que quieres cambiar, solo tienes una percepción basada en tus sentidos, la cual es fácilmente debatible en cualquier tipo de argumentación.
Debemos de empezar por medir todos los aspectos que mantendrán viva las cuencas: ¿cuánta agua es consumida?, ¿cuáles son los parámetros fisicoquímicos y microbiológicos de cada zona de impacto del río?, ¿cuál es el estado biológico actual en todas sus áreas? Ningún abogado sube a un estrado a defender un caso del cual no tiene la información, y si queremos defender la tierra, necesitamos datos trazables de cómo la estamos destruyendo.









